Bajo el palio de la luz crepuscular

Bajo el palio de la luz crepuscular nuestro Audi 80, del 94, divisó las caracolas espumosas del mar alicantino.

http://www.youtube.com/watch?v=fngNOS7hJko
Carlos de Haes solía expresar muy bien ese gozo del pintor ante la naturaleza, es como las perdices, es decir, de temporada.
En él, las dificultades y estrecheces son connaturales y bien encajadas. La maravilla de la fatigada excursión hasta un escondido y paradisíaco rincón. El esfuerzo y la satisfacción de la lucha con las luces y las sombras, la brisa, el calor…
Este verano (como siempre) mis acuarelas y una libretilla me acompañaban en la parte más profunda y cursi de mi maleta. Al llegar y desempaquetar en la casa “ La Maignere” sonó un clarín.
-No pienses que me vas a dejar sola con los niños mientras tú te lo pasas pipa con las acurelitas dichosas
-Oh cielo, Mindi dear, claro que no, qué va, qué va….-En mi fuero interno algo ardía en deseos de medirse nuevamente con la fuerza del mar, del viento, del sol y de la diarrea veraniega
-¿Me lo prometes…?
En la playa de San Juan sombrillitas por doquier, lolas al aire, ecrain pour soleil, Mindi, los niños y yo, y la abuela.
Primero moneda al gorrilla. Bultos y paquetes a la espalda, Pablo en mi colodrillo a horcajadas, que le da grima que la arena. Sol abrasador. Cruce navajas por un hueco en primera fila. Reunte de cremas, baño largo y castillo-piscina de arena. Total dos horas y media, llegó la hora de la acuarelilla.
Según sacó el estuche Jimena se expresa de humor para acompañarme a los pinceles. Después de un amistoso debate se decide que me ayuda un poquito. El sol me ciega y me encasquetan un gorro de señora. “Da igual, son los elementos”. La abuela se preocupa por una quemazón en mi espalada y me echa una toalla ¡Qué sofoco!
Ya en el dibujo, una selección geriátrica se hace eco de mi falta de maña sin  pudor ni vergüenza. Una pelota casi me acierta y deja un reguero húmedo sobre el papel. Jimena interviene y Pablo se nos une. Una ráfaga de arena me ciega y me pongo gafas de sol (aunque demasiado tarde), un atleta me salpica, un niño me lanza arena ante la mirada sonriente de su madre, me atizan con una colchoneta y finalmente termino con una breve reprobación por los cinco minutos de disfrute.
-Te habrás quedado a gusto, ¿No?

-Claro que sí, Mindi